Este país, antes llamado España, está dejado de la mano de Dios. Ahora, que parece que el Espíritu Santo debe bajar a Roma para inspirar el cónclave, podría dejar un poco de inspiración a la banda de borregos que dirigen nuestra naciones, darles un poco de luz para salir del desastre en que nos encontramos.
Mi pobre padre, que creía firmemente en Dios, me decía: “Hijo, si Dios existe tiene que estar de vacaciones”. Muchísimas veces me acuerdo de esa afirmación, al menos cada vez que algunos de los dirigentes políticos escupen por sus bocas las estupideces habituales que pronuncian.
¿Dónde está nuestra dignidad? “Una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden”, afirmaba categóricamente D.Blas de Lezo y Olavarrieta, Teniente General de la Armada Española (1.689 – 1.741)
¿De verdad vamos a seguir haciendo chistes de taberna y quedándonos quietos ante la situación que nos imponen y el futuro que espera a nuestros hijos?
Hablar del mundo sería largo y seguramente poco documentado por mi parte ante la desgracia de que habiten nuestro planeta personajes como Vladímir Putin, Donald Trump, Nicolás Maduro, Kim Jong-un, Gustavo Petro, Nayib Bukele, Xi Jinping, Daniel Ortega o Miguel Díaz-Canel por poner solo unos cuantos ejemplos de la desgracia que supone convivir con auténticos psicópatas políticos.
Vayamos a lo local, nos toca más de cerca y lo conocemos, más bien lo padecemos, mejor.
No entraremos en política, que cada uno piense lo que quiera, si es que piensa.
Nos centraremos en la desgracia que algunos consideran casualidad y otros muchos inutilidad. Seguramente será una mezcla de las dos cosas pero lo realmente preocupante es que seguimos encogiéndonos de hombros casa vez que este país queda sumido en el caos y solo un muy pequeño porcentaje de la población se moviliza recibiendo, además, la feroz crítica de “los quietos”. Siempre he pensado que el gran problema de España no son los parados sino los quietos.
Desde ayer hay miles de viajeros, especialmente aquellos con billete para la alta velocidad, que no han llegado a sus casas o sus trabajos y muchos que ni tan siquiera han salido de su estación de procedencia sin recibir, en muchos casos, ni tan siquiera agua o un bocadillo. No pasa nada, según el ministro del ramo se trata de un “sabotaje”, es decir, lo dice él, no yo, de un acto terrorista ya que la RAE lo define como “Daño o deterioro que se hace en instalaciones, productos, etcétera, como procedimiento de lucha contra los patronos, contra el Estado o contra las fuerzas de ocupación en conflictos sociales o políticos.”
Pobrecito Gobierno de España, siempre parece que alguien está dispuesto a tocarle los bemoles.
¿No se controla la seguridad en las vías de alta velocidad? Ya se hacía con la E.T.A. en pleno apogeo. ¿Por qué no se hace ahora con activistas marroquíes, yihadistas y mafias internacionales vagando a sus anchas por nuestro país? ¿No interesa?
El volcán de La Palma dejó, en 2021, a centenares de canarios sin patrimonio ni vivienda. Muchos de ellos siguen igual tras cuatro años de falsas promesas gubernamentales. Un ejemplo claro del desprecio que los políticos sienten por el pueblo.
Venimos de la DANA, el mayor despropósito político sucedido en nuestra historia moderna donde claramente se vio lo que podemos esperar y la garantía que nos ofrece nuestra clase política que ocupa, políticamente, con total analfabetismo sobre la materia, los puestos de los profesionales del ramo. Ni tan siquiera más de 200 muertos son capaces de remover su conciencia en el supuesto de que la tengan y tomar la decisión de irse a su casa.
Hace ocho días sufrimos el apagón producido por la imposición de los objetivos políticos e ideológicos sobre la realidad, poniendo en alto riesgo la seguridad nacional. Seguimos sin que nos cuenten la verdad y seguimos escuchando, en los muy obedientes medios de comunicación, qué buenos son nuestros políticos que nos devolvieron la luz en menos de 24 horas. No existen responsables aunque Pedro Sánchez sigue trabajando en echar la culpa a cualquiera menos a los suyos y confunde en su discurso, cuando le interesa, lo privado con lo público.
Ya todo el mundo se pregunta cuál será la próxima, parece evidente que mientras las ideologías se impongan a la razón las desgracias continuarán llegando, con la certeza de que la respuesta de los responsables será tímida o nula y sólo buscará su propia exculpación, eludiendo la más mínima responsabilidad. Eso lo hacen con asesores, secretaria, choche oficial, escolta, gastos pagados y sueldos insultantes.
Solo el pueblo es capaz de salvar al pueblo, se ha demostrado en La Palma, en Valencia, en las estaciones ferroviarias, en los trenes y cuando hubo que ayudar al vecino que, como tú, no tenía luz.
¿Seguiremos haciendo chistes y quedándonos quietos? No tendremos fuerza moral para exigir nada a los que tenemos la obligación de echar de los cargos públicos que ocupan.